Hay días en los que todo sale bien, de una. No digo que seamos máquinas de eficiencia, pero en general las cosas funcionan. Otros días no.
Hoy aprendí una gran lección: todo se puede arreglar. Después de trabajar durante horas en una pieza, se me resbaló y fue a parar al piso. Aparentemente no había sufrido mella, pero después le descubrí un golpe feúcho nada menos que en el centro. Pegué otra pieza -especialmente diseñada para una superficie curva- y me distraje un momento. Cuando volví a verla se había deslizado, dejando un rastro de adhesivo extra fuerte. Así con todo. Me la pasé lijando, puteando, despegando, volviendo a pintar y a repintar. ¿Y cómo quedaron las cosas? Perfectas. Pero de veras perfectas, nada de medias tintas.
Entonces pensé... ¿qué hacemos en la vida, si no arreglar lo que presenta fallas, una y otra vez? ¿O no vamos al dentista y a la peluquería? ¿Acaso no llevamos el auto al taller, hacemos terapia, empezamos una dieta? ¿Por qué iba a ser diferente con las manualidades o artesanías? Para esta perfeccionista supone un gran alivio.
viernes, 9 de mayo de 2014
jueves, 8 de mayo de 2014
Celebrando
Anoche haciendo zapping me detuve en Bendita, el tipo de programa que casi todos negamos ver. Cuando lo enganché, cargaban a Evelyn Von Brocke por su participación en el Bailando. La esperanza de los enyesados, la anunció Beto Casella. Una señora tuiteó en su momento: "Aquí estamos, moviendo el televisor para que Evelyn no parezca quieta". Otro dijo que en el campo, al compás del viento, los espantapájaros tienen más ritmo.
¡Y el jurado! Nacha Guevara dijo que se notaba que nunca había bailado, acto seguido le preguntó por qué quería hacerlo. Yanina Latorre tuiteó: "¿Cuándo baila Evelyn?" (en medio del baile, claro). Soledad Silveyra afirmó que era casi una burla que se hubiese presentado. Polino le preguntó si estaba fumada. A todo esto la susodicha aguantaba a pie firme el tape de su performance, sonriendo y sosteniendo una suerte de marioneta que la representaba, con brazos y piernas de madera.
Qué quieren que les diga, me parece buenísimo que alguien tenga ganas de bailar, y lo haga. Como tantas y tantas mujeres (y hombres, ésta no es una cuestión de género), sufrí un desengaño amoroso importante, de esos que parten el corazón. Anduve hecha un trapo alrededor de un año, me costó lo mío recuperarme. No puedo menos que aplaudir, entonces, que una mujer abandonada salga y enfrente al jurado, al público y a millones de televidentes haciendo lo que menos bien le sale. Con actitud. Sin carisma, un tronco... lo que ustedes quieran, pero con actitud. Es una manera de decir sigo viva, acepto los desafíos, me puse de pie nuevamente. ¿No es eso preferible a permanecer en la cama tapada hasta la nariz, sin ganas de nada?
Bailar debería estar al alcance de todos, ¡es una actividad natural! Una celebración de la vida. Diez puntos para Evelyn, por corajuda.
¡Y el jurado! Nacha Guevara dijo que se notaba que nunca había bailado, acto seguido le preguntó por qué quería hacerlo. Yanina Latorre tuiteó: "¿Cuándo baila Evelyn?" (en medio del baile, claro). Soledad Silveyra afirmó que era casi una burla que se hubiese presentado. Polino le preguntó si estaba fumada. A todo esto la susodicha aguantaba a pie firme el tape de su performance, sonriendo y sosteniendo una suerte de marioneta que la representaba, con brazos y piernas de madera.
Qué quieren que les diga, me parece buenísimo que alguien tenga ganas de bailar, y lo haga. Como tantas y tantas mujeres (y hombres, ésta no es una cuestión de género), sufrí un desengaño amoroso importante, de esos que parten el corazón. Anduve hecha un trapo alrededor de un año, me costó lo mío recuperarme. No puedo menos que aplaudir, entonces, que una mujer abandonada salga y enfrente al jurado, al público y a millones de televidentes haciendo lo que menos bien le sale. Con actitud. Sin carisma, un tronco... lo que ustedes quieran, pero con actitud. Es una manera de decir sigo viva, acepto los desafíos, me puse de pie nuevamente. ¿No es eso preferible a permanecer en la cama tapada hasta la nariz, sin ganas de nada?
Bailar debería estar al alcance de todos, ¡es una actividad natural! Una celebración de la vida. Diez puntos para Evelyn, por corajuda.
lunes, 5 de mayo de 2014
Ceremonial y protocolo
I
Mi hermano vino a cenar a casa, por primera vez en cuatro años. Y como correspondía, tuve un ataque de limpieza. Limpié los estantes de los insumos. Limpié las puertas del bajo mesada en la cocina. Limpié la parte de arriba de la heladera. Limpié los vidrios. Limpié y di vuelta los estantes de la biblioteca (se comban por el peso). Limpié los azulejos del baño con un producto antihongos que promete sacarlos de raíz, consiguiendo una disfonía que aún me dura. Limpié los pisos. La puerta del baño y la de entrada. Limpié el arcón con jabón blanco y después le pasé cera con siliconas. Qué no limpié.
El día del evento (Evento) me dije: "Bueno, voy a lavar ropa, no creo que mi hermano deje de hacer su vida por venir hoy a casa..." Así que lavé toalla y toallón, dos remeras, ropa interior y el paño de la feria. Todos colgaditos en el baño. Un resto de pudor me llevó a esconder una bombacha todavía húmeda dentro del placard, pero la casa se veía más o menos como siempre, sin ninguna escenografía montada. Salí con intención de comprar al menos una de las tantas copas que se rompieron. La conseguí igual de alta, pero con el pie más grueso. Por supuesto que voy a cambiarla por otra cosa, ¿quién puede tolerar algo así? Uno de los tres cuchillos que cortan (yo no sé en otras casas, nosotros tenemos cuchillos que cortan, cuchillos que no cortan y cuchillos que parece que cortan pero son pura facha) está manchado con vaya a saber qué, tal vez pegamento. No hubo forma de quitarlo, ni con alcohol, ni con quitaesmalte. No encontré servilletas, salvo unas muy monas de Navidad. Así que armé una mesa para tres con dos copas, un cuchillo supuestamente pringoso y servilletas con dibujos de muérdago y lazos rojos.
El Hombre no anduvo mejor, mudó el bermuda de siempre pero se dejó las chancletas. Para hacer espacio tuvimos que sacar dos bicicletas al pasillo. Mi hermano llegó también en bici. "Ah -dijo el Hombre- esto parece la masa crítica". Mi hermano contestó que pensó que iba a pasar vergüenza viniendo en pantalones cortos. Hubo empanadas, matambre casero con rusa y bola de lomo con ensalada de lechuga y tomate. Con el café comimos brownie hecho por una amiga, esos postres caseros que salen tan buenos. Cuando lo retiré de la heladera (¡por suerte aún en su bolsa!), el Hombre dijo: "Le cayó sangre encima, traté de quitarla para que no te dieses cuenta". Delante de mi hermano, miren si se iba a callar.
La pasamos bárbaro.
II
"¿Querés Levité caliente de mandarina?", le digo a Dani, el librero anarquista.
Dani me mira de costado. "Si invitás así no te va a aceptar nadie. Aparte suena mal eso de Levité caliente, se dice natural". Sí, claro, natural. "Los otros días la compré porque no quedaba de naranja y fue una sorpresa agradable, parece mandarina en serio..." Dani prueba un sorbo. "Qué rica, traeme una de dos litros". Es malicioso, no hay nada que hacer. Le cuento entonces de la vez que el Clarín vino con un antitranspirante de regalo y se me ocurrió ofrecérselo a Marina. "¿Querés un antitranspirante? A mí me da cáncer." Hubieras visto la cara de Marina, le digo a Dani. "Claro, te habrá mirado como diciendo ¿qué te pensás, que soy inmune al cáncer?"
Me alejo a atender mi puesto. Cuando regreso, sus compañeros ríen con ganas, seguro les ha contado de mi buen decir.
-Qué me traes ahora... ¿una empanada fría?
-De hace dos días. ¿Qué preferís, carne o queso?
En ese orden, contesta Dani.
Mi hermano vino a cenar a casa, por primera vez en cuatro años. Y como correspondía, tuve un ataque de limpieza. Limpié los estantes de los insumos. Limpié las puertas del bajo mesada en la cocina. Limpié la parte de arriba de la heladera. Limpié los vidrios. Limpié y di vuelta los estantes de la biblioteca (se comban por el peso). Limpié los azulejos del baño con un producto antihongos que promete sacarlos de raíz, consiguiendo una disfonía que aún me dura. Limpié los pisos. La puerta del baño y la de entrada. Limpié el arcón con jabón blanco y después le pasé cera con siliconas. Qué no limpié.
El día del evento (Evento) me dije: "Bueno, voy a lavar ropa, no creo que mi hermano deje de hacer su vida por venir hoy a casa..." Así que lavé toalla y toallón, dos remeras, ropa interior y el paño de la feria. Todos colgaditos en el baño. Un resto de pudor me llevó a esconder una bombacha todavía húmeda dentro del placard, pero la casa se veía más o menos como siempre, sin ninguna escenografía montada. Salí con intención de comprar al menos una de las tantas copas que se rompieron. La conseguí igual de alta, pero con el pie más grueso. Por supuesto que voy a cambiarla por otra cosa, ¿quién puede tolerar algo así? Uno de los tres cuchillos que cortan (yo no sé en otras casas, nosotros tenemos cuchillos que cortan, cuchillos que no cortan y cuchillos que parece que cortan pero son pura facha) está manchado con vaya a saber qué, tal vez pegamento. No hubo forma de quitarlo, ni con alcohol, ni con quitaesmalte. No encontré servilletas, salvo unas muy monas de Navidad. Así que armé una mesa para tres con dos copas, un cuchillo supuestamente pringoso y servilletas con dibujos de muérdago y lazos rojos.
El Hombre no anduvo mejor, mudó el bermuda de siempre pero se dejó las chancletas. Para hacer espacio tuvimos que sacar dos bicicletas al pasillo. Mi hermano llegó también en bici. "Ah -dijo el Hombre- esto parece la masa crítica". Mi hermano contestó que pensó que iba a pasar vergüenza viniendo en pantalones cortos. Hubo empanadas, matambre casero con rusa y bola de lomo con ensalada de lechuga y tomate. Con el café comimos brownie hecho por una amiga, esos postres caseros que salen tan buenos. Cuando lo retiré de la heladera (¡por suerte aún en su bolsa!), el Hombre dijo: "Le cayó sangre encima, traté de quitarla para que no te dieses cuenta". Delante de mi hermano, miren si se iba a callar.
La pasamos bárbaro.
II
"¿Querés Levité caliente de mandarina?", le digo a Dani, el librero anarquista.
Dani me mira de costado. "Si invitás así no te va a aceptar nadie. Aparte suena mal eso de Levité caliente, se dice natural". Sí, claro, natural. "Los otros días la compré porque no quedaba de naranja y fue una sorpresa agradable, parece mandarina en serio..." Dani prueba un sorbo. "Qué rica, traeme una de dos litros". Es malicioso, no hay nada que hacer. Le cuento entonces de la vez que el Clarín vino con un antitranspirante de regalo y se me ocurrió ofrecérselo a Marina. "¿Querés un antitranspirante? A mí me da cáncer." Hubieras visto la cara de Marina, le digo a Dani. "Claro, te habrá mirado como diciendo ¿qué te pensás, que soy inmune al cáncer?"
Me alejo a atender mi puesto. Cuando regreso, sus compañeros ríen con ganas, seguro les ha contado de mi buen decir.
-Qué me traes ahora... ¿una empanada fría?
-De hace dos días. ¿Qué preferís, carne o queso?
En ese orden, contesta Dani.
miércoles, 30 de abril de 2014
El pensamiento sistémico
Desde muy temprana edad nos enseñan a analizar los problemas, a fragmentar el mundo. Al parecer esto facilita las tareas complejas, pero sin saberlo pagamos un precio enorme. Ya no vemos las consecuencias de nuestros actos; perdemos nuestra sensación intrínseca de conexión con una totalidad más vasta. Cuando intentamos ver la imagen general, tratamos de ensamblar nuevamente los fragmentos, enumerar y organizar todas las piezas. Pero, como dice el físico David Bohm, esta tarea es fútil: es como ensamblar los fragmentos de un espejo roto para ver un reflejo fiel.
Al cabo de un tiempo desistimos de tratar de ver la totalidad.
Pensar de que el mundo está compuesto por fuerzas separadas y desconectadas es una ilusión. Cuando la abandonamos podemos construir "organizaciones inteligentes", organizaciones donde la gente expande continuamente su aptitud para crear los resultados que desea, donde se cultivan nuevos y expansivos patrones de pensamiento, donde la aspiración colectiva queda en libertad, y donde la gente continuamente aprende a aprender en conjunto.
Peter M. Senge, introducción a La Quinta Disciplina.
Qué bueno es tener un Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que se ocupe de estas cosas. Ricardo Lorenzetti, claro como el agua clara.
http://www.youtube.com/watch?v=IETKIJ-L4z8
Al cabo de un tiempo desistimos de tratar de ver la totalidad.
Pensar de que el mundo está compuesto por fuerzas separadas y desconectadas es una ilusión. Cuando la abandonamos podemos construir "organizaciones inteligentes", organizaciones donde la gente expande continuamente su aptitud para crear los resultados que desea, donde se cultivan nuevos y expansivos patrones de pensamiento, donde la aspiración colectiva queda en libertad, y donde la gente continuamente aprende a aprender en conjunto.
Peter M. Senge, introducción a La Quinta Disciplina.
Qué bueno es tener un Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que se ocupe de estas cosas. Ricardo Lorenzetti, claro como el agua clara.
http://www.youtube.com/watch?v=IETKIJ-L4z8
lunes, 28 de abril de 2014
"Las palabras en muchos casos son lo de menos"
Reconocer al interlocutor como persona
"...si nos ponemos a pensar en las interacciones que tenemos con desconocidos en la calle cuando pedimos la hora, cuando queremos avisar que se les cayó un papelito o que tienen el cierre roto, cuando queremos pedir cambio, incluso a veces cuando queremos saber el precio de algo, decimos "disculpá" antes. De esa manera reconocemos al interlocutor como tal y como persona que quizás estamos interrumpiendo. En este sentido, una de las cosas que más surgió en los comentarios fue que los varones preguntaban si no podían decir nada de nada por la calle, y las mujeres respondían una y otra vez que si querían decirle algo lindo a una chica al menos dijeran "disculpá, ¿te puedo decir algo?" de modo que la mujer tuviera opción de aceptar o no esa interacción. Y es que ése es el código que manejamos para todo menos para los piropos".
Lo afirma Verónica Lemi, activista y promotora de la movida contra el piropo, en una entrevista de Marina Carbajal para Página 12 (domingo 27 de abril de 2014).
Las frases de la campaña
"Si te incomoda leerlo, imagínate escucharlo, todos los días, cada vez que salís a la calle". Bajo ese lema, Verónica inició una movida que consistió en una pegatina en distintas ciudades con esas típicas frases que irrumpen amenazantes en el oído de tantas mujeres -muchas adolescentes- cuando transitan por la vía pública.
Sonreí, sos muy linda para estar seria.
¿No querés que le agregue lechita al café?
Qué pinta de putita que tenés, mi amor.
Mamita, con esas tetas me salen dientes de leche nuevos.
Qué linda, te chuparía toda la conchita.
Cómo te disfrutaría, flaquita.
Te rompería el orto hasta que sangres.
Ay, hermosa, con esa boquita...
Con esa cola, te invito a cagar a casa.
Mami, si te agarro te hago otro hijo.
Vení morocha, que te violamos.
Gordita, te hago de todo menos upa.
Qué culito, mi amor.
Te acompaño o te persigo.
Ay, coloradita, qué ganas de que me hagas un pete.
Tan bonita y tan solita.
Linda, ¿no querés que te acompañe?
Rubia, te hago de todo.
"hola, linda"
"Una de las formas más comunes y más minimizadas de acoso es el "hola, linda", que a primera vista sería un piropo, pero que en el momento que es pronunciado a milímetros de la cara de la mujer, por un hombre que se le viene encima e impidiéndole correrse, susurrado con tono sexual y con mirada libidinosa, es una forma indiscutible de acoso".
Con una sonrisa irónica, Verónica le agradece al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, por haber aportado su machismo explícito para avivar el fuego: para defender los piropos, dijo que a todas las mujeres les gustaban, incluso si son groseros. "Aunque les digan qué lindo culo tenés", ejemplificó. Después, trató de disculparse y fue peor: dijo que pedía perdón porque lo había retado su hija y aseguró que todo lo había hecho por "galantería".
La activista está convencida de que "mucha gente" se desayunó de que todas las mujeres que la rodean en su día a día "fueron, son o serán expuestas a que le pasen estas cosas y que la persona que les hace eso está amparada por el rol de 'hombre'. Y es un shock bastante fuerte darte cuenta de que cada mujer que conocés sufre esto desde chica y vos no te habías enterado", dice.
"...si nos ponemos a pensar en las interacciones que tenemos con desconocidos en la calle cuando pedimos la hora, cuando queremos avisar que se les cayó un papelito o que tienen el cierre roto, cuando queremos pedir cambio, incluso a veces cuando queremos saber el precio de algo, decimos "disculpá" antes. De esa manera reconocemos al interlocutor como tal y como persona que quizás estamos interrumpiendo. En este sentido, una de las cosas que más surgió en los comentarios fue que los varones preguntaban si no podían decir nada de nada por la calle, y las mujeres respondían una y otra vez que si querían decirle algo lindo a una chica al menos dijeran "disculpá, ¿te puedo decir algo?" de modo que la mujer tuviera opción de aceptar o no esa interacción. Y es que ése es el código que manejamos para todo menos para los piropos".
Lo afirma Verónica Lemi, activista y promotora de la movida contra el piropo, en una entrevista de Marina Carbajal para Página 12 (domingo 27 de abril de 2014).
Las frases de la campaña
"Si te incomoda leerlo, imagínate escucharlo, todos los días, cada vez que salís a la calle". Bajo ese lema, Verónica inició una movida que consistió en una pegatina en distintas ciudades con esas típicas frases que irrumpen amenazantes en el oído de tantas mujeres -muchas adolescentes- cuando transitan por la vía pública.
Sonreí, sos muy linda para estar seria.
¿No querés que le agregue lechita al café?
Qué pinta de putita que tenés, mi amor.
Mamita, con esas tetas me salen dientes de leche nuevos.
Qué linda, te chuparía toda la conchita.
Cómo te disfrutaría, flaquita.
Te rompería el orto hasta que sangres.
Ay, hermosa, con esa boquita...
Con esa cola, te invito a cagar a casa.
Mami, si te agarro te hago otro hijo.
Vení morocha, que te violamos.
Gordita, te hago de todo menos upa.
Qué culito, mi amor.
Te acompaño o te persigo.
Ay, coloradita, qué ganas de que me hagas un pete.
Tan bonita y tan solita.
Linda, ¿no querés que te acompañe?
Rubia, te hago de todo.
"hola, linda"
"Una de las formas más comunes y más minimizadas de acoso es el "hola, linda", que a primera vista sería un piropo, pero que en el momento que es pronunciado a milímetros de la cara de la mujer, por un hombre que se le viene encima e impidiéndole correrse, susurrado con tono sexual y con mirada libidinosa, es una forma indiscutible de acoso".
Con una sonrisa irónica, Verónica le agradece al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, por haber aportado su machismo explícito para avivar el fuego: para defender los piropos, dijo que a todas las mujeres les gustaban, incluso si son groseros. "Aunque les digan qué lindo culo tenés", ejemplificó. Después, trató de disculparse y fue peor: dijo que pedía perdón porque lo había retado su hija y aseguró que todo lo había hecho por "galantería".
La activista está convencida de que "mucha gente" se desayunó de que todas las mujeres que la rodean en su día a día "fueron, son o serán expuestas a que le pasen estas cosas y que la persona que les hace eso está amparada por el rol de 'hombre'. Y es un shock bastante fuerte darte cuenta de que cada mujer que conocés sufre esto desde chica y vos no te habías enterado", dice.
miércoles, 23 de abril de 2014
Pobre mujer, io no quería
La pica entre artesanos y anticuarios viene de lejos, tal vez porque los anticuarios ocupan Plaza Dorrego todos los domingos desde hace tantísimo tiempo. Y sabido es que el turismo acude a ella como quien va a La Meca. Una vez al año, durante los cuatro sábados de abril, coinciden las dos ferias: la de anticuarios y la de artesanos. El Museo de la Ciudad otorga entonces nuestros espacios de venta al "enemigo". Difícil no estresarse, trajinando de aquí para allá para conseguir un sitio, cualquier sitio.
Nuestra plaza, normalmente tranquila, bulle de acción este sábado. Pese a ser poco más de las seis, la mayoría de las estructuras ya están instaladas y los armadores circulan cargando tablas. Autos y camionetas detenidos entorpecen el tránsito por Defensa, de los baúles bajan todo tipo de cajas, valijas y bolsos. El cafetero se hace desear, por suerte es una mañana espléndida. Hay tres estructuras contiguas sobre una de las calles que bordean la plaza. A juicio nuestro no deberían estar allí, sino sobre la vereda. Si ocupan el poco espacio que nos queda, ¿dónde armamos? Así que allá vamos, una Mini Comisión en procura de Justicia. Que no, que no van a moverse, dicen las anticuarias. Que nos quejemos al Museo de la Ciudad, dice el armador a cargo. De nada vale recordarles que el año pasado armaron los puestos sobre la vereda, ni que todos tenemos el mismo derecho a trabajar. "No queda paso", esgrimen. "Claro que sí, si todos los sábados del año armamos nosotros mismos sobre la vereda", contraatacamos. No hay tu tía, varios de los nuestros se marchan al no encontrar lugar.
"Qué indignación -dice Mónica- cómo me gustaría tener un sobrecito de azúcar para ir y desparramarlo alrededor de los puestos".
-Mirá que el azúcar es para atraer buenas ventas, me dicen acá...
-No importa, es para espolvorear algo, nomás. La idea es que se sugestionen y no vendan nada.
"Sí, chica -interviene Yesenia- y io voy detrás tuio recitando unas palabras".
Ja. La Negra ciertamente aprobaría un casting de "mai" caribeña. Yesenia encuentra un sobrecito de azúcar en su mochila y espera con paciencia a que Mónica termine su cigarrillo. "Vamos", dice una, cualquiera, dándole coraje a la otra. "Vamos".
Por el rabillo del ojo alcanzo a ver a Mónica en la esquina, espolvoreando el azúcar por el suelo. Yesenia es un show aparte, circula muy seria alrededor de los puestos de la discordia. Desde donde estoy escucho que murmura algo así como "jabalandala... ¡manlá, manlá!" Como no puedo mirarlas sin reír, me apresuro hacia la otra esquina. "¿Qué te pasa, Maia?", pregunta una compañera con tono de preocupación. Imagino mi cara deformada por el esfuerzo de no carcajear, le explico como puedo y secándome las lágrimas, necesito ya un baño.
"Esto fue más de lo que supuse", cuenta Mónica un rato después. Me entero que Yesenia llevó su actuación hasta el extremo de cortarse un poco de cabello para esparcirlo sobre los puestos. "¿No viste la cara de las anticuarias? Miraban así..." Son ojos fijos y azorados, sin duda. A la hora del té y para sorpresa de todos, una de las engualichadas se desmaya y cae de cabeza bajo su estructura, en pocos segundos se arma un revuelo de gente que la socorre. "Pobre mujer, io no quería...", se asombra Yesenia desde una distancia prudencial. Silvia, enterada de todo, propone traer el próximo sábado uno de sus gnomos a medio hacer, sin cabeza, y una paloma muerta que se puede conservar en el freezer. "Al gnomo le clavamos unos alfileres, tipo vudú. Si estas guachas no ceden, armamos una caja con todo eso y la seguimos".
"La Cajita Feliz", acoto.
Ha sido un buen día, mal que mal todos vendimos algo. "A caballo vamos pal monte, a caballo vamos pal monte...", cantan nuestros compañeros. Mónica y yo bailamos tras los puestos, alguien levanta un celular para filmarnos.
http://www.youtube.com/watch?v=ooo2k_4_m1Q
Nuestra plaza, normalmente tranquila, bulle de acción este sábado. Pese a ser poco más de las seis, la mayoría de las estructuras ya están instaladas y los armadores circulan cargando tablas. Autos y camionetas detenidos entorpecen el tránsito por Defensa, de los baúles bajan todo tipo de cajas, valijas y bolsos. El cafetero se hace desear, por suerte es una mañana espléndida. Hay tres estructuras contiguas sobre una de las calles que bordean la plaza. A juicio nuestro no deberían estar allí, sino sobre la vereda. Si ocupan el poco espacio que nos queda, ¿dónde armamos? Así que allá vamos, una Mini Comisión en procura de Justicia. Que no, que no van a moverse, dicen las anticuarias. Que nos quejemos al Museo de la Ciudad, dice el armador a cargo. De nada vale recordarles que el año pasado armaron los puestos sobre la vereda, ni que todos tenemos el mismo derecho a trabajar. "No queda paso", esgrimen. "Claro que sí, si todos los sábados del año armamos nosotros mismos sobre la vereda", contraatacamos. No hay tu tía, varios de los nuestros se marchan al no encontrar lugar.
"Qué indignación -dice Mónica- cómo me gustaría tener un sobrecito de azúcar para ir y desparramarlo alrededor de los puestos".
-Mirá que el azúcar es para atraer buenas ventas, me dicen acá...
-No importa, es para espolvorear algo, nomás. La idea es que se sugestionen y no vendan nada.
"Sí, chica -interviene Yesenia- y io voy detrás tuio recitando unas palabras".
Ja. La Negra ciertamente aprobaría un casting de "mai" caribeña. Yesenia encuentra un sobrecito de azúcar en su mochila y espera con paciencia a que Mónica termine su cigarrillo. "Vamos", dice una, cualquiera, dándole coraje a la otra. "Vamos".
Por el rabillo del ojo alcanzo a ver a Mónica en la esquina, espolvoreando el azúcar por el suelo. Yesenia es un show aparte, circula muy seria alrededor de los puestos de la discordia. Desde donde estoy escucho que murmura algo así como "jabalandala... ¡manlá, manlá!" Como no puedo mirarlas sin reír, me apresuro hacia la otra esquina. "¿Qué te pasa, Maia?", pregunta una compañera con tono de preocupación. Imagino mi cara deformada por el esfuerzo de no carcajear, le explico como puedo y secándome las lágrimas, necesito ya un baño.
"Esto fue más de lo que supuse", cuenta Mónica un rato después. Me entero que Yesenia llevó su actuación hasta el extremo de cortarse un poco de cabello para esparcirlo sobre los puestos. "¿No viste la cara de las anticuarias? Miraban así..." Son ojos fijos y azorados, sin duda. A la hora del té y para sorpresa de todos, una de las engualichadas se desmaya y cae de cabeza bajo su estructura, en pocos segundos se arma un revuelo de gente que la socorre. "Pobre mujer, io no quería...", se asombra Yesenia desde una distancia prudencial. Silvia, enterada de todo, propone traer el próximo sábado uno de sus gnomos a medio hacer, sin cabeza, y una paloma muerta que se puede conservar en el freezer. "Al gnomo le clavamos unos alfileres, tipo vudú. Si estas guachas no ceden, armamos una caja con todo eso y la seguimos".
"La Cajita Feliz", acoto.
Ha sido un buen día, mal que mal todos vendimos algo. "A caballo vamos pal monte, a caballo vamos pal monte...", cantan nuestros compañeros. Mónica y yo bailamos tras los puestos, alguien levanta un celular para filmarnos.
http://www.youtube.com/watch?v=ooo2k_4_m1Q
martes, 8 de abril de 2014
Dios
"Clap along if you feel like happiness is the truth", canta Pharrell Williams señalando hacia el cielo. Acorde a la traducción: "da palmas si sientes que la felicidad es la verdad".
¿Cuántas veces escuchamos que Dios es amor? ¿Serán amor y felicidad la misma cosa?
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