miércoles, 11 de marzo de 2015

Eso que nos hace lagrimear

La increíble “señal” que una lluvia de papelitos le dejó a un nene huérfano

Córdoba.Benjamín (6) perdió a su familia en un accidente. Su tío lo llevó a la cancha y sobre él cayó el aviso fúnebre de su padres.
Si fuera ficción no sería creíble. Pero esto pasó en Córdoba y parece tomado de un cuento: Benjamín es un nene de seis años que perdió a su familia (papá, mamá y hermano de 8) en un accidente de tránsito en la ruta 9, en enero de este año. Este fin de semana fue a la cancha con su tío y sus primos a ver a Instituto y cuando salieron los equipos a la cancha, la lluvia de papelitos trajo una sorpresa inesperada: uno de esos papelitos era un pedazo de diario con los nombres de su familia.  “Mirá, mi papá”, dijo el nene, que apenas sabe leer, ante la sorpresa de los que estaban ahí.
La historia fue publicada por su tío Fernando González Achával en Facebook, y la difundió el diario La Voz del interior: “El sábado pasó algo asombroso y necesito compartirlo. Mi sobrino Benji, único sobreviviente del accidente donde falleció mi hermano Miguel, mi cuñada Jimena y mi sobrinito Joaquín, estaba triste. Así que mi cuñado Carlos, con quien vive actualmente decidió llevarlo a la cancha a ver Instituto, de quien son hinchas (...) Ya en la cancha, instalados en las tribunas, Carlos con sus hijos y el Benji reciben a su equipo inmersos en una lluvia de papelitos picados que descendía del sector más alto. Cuando toman asiento en las gradas y estando el piso tapizado de estos, el Benji, de tan solo 6 años y que apenas sabe leer, toma del piso junto a él uno de esos papelitos entre miles, lo lee y sorprendido se lo pasa a Carlos”.
Ese papelito era uno de los avisos fúnebres que habían salido en el diario. El accidente fue el 3 de enero y la familia venía de pasar año nuevo en Jujuy. Su familia falleció en el acto, pero Benjamín solo sufrió heridas menores.
Los familiares, lejos de tomar esta historia como una casualidad, lo leen como una señal y un guiño del destino, y decidieron compartilo en las redes sociales: “Que hayan pasado más de dos meses desde la tragedia, en una cancha con miles de personas; un niño de 6 años (justo él) levanta del piso un pequeño pedazo de diario de unos 8 cms de largo por 5 de ancho de entre miles, cuando apenas sabe leer; y que la cruz encima y los nombres de sus papás y hermano abajo estén intactos, creo que es una buena SEÑAL!!!. Lo siento como una Gran Bendición del Cielo para ese pequeño y todos nosotros; y he sentido la necesidad de difundirlo como testimonio para que les sirva a aquellos que como yo tenemos permanentemente baches de fe”, dice la carta que conmocionó a todos en las redes sociales.
“Benji tiene 3 ángeles en el cielo que lo protegen y lo cuidan. Vamos a poner el recorte en un cuadrito como una manifestación de la presencia de sus padres en su vida”, dijo el tutor de Benjamín, Carlos Juncos, en radio Continental de Córdoba. “Esto no fue una casualidad, eso le explicamos a Benjamín, fue una señal de que los padres están ahí, mirándolo, acompañandolo y cuidándolo”, dijo emocionado.

martes, 3 de marzo de 2015

Lorenzetti, clase magistral

Por estos días hemos leído y escuchado que la marcha del 18F fue mayormente de gerontes opositores y golpistas, llenos de odio y racismo, de vidas amargas. Parece ser que la concentración del domingo pasado, en cambio, reunió a miles de jóvenes idealistas, agradecidos y felices. Un poco simplista, a mi modo de ver. Que viejos e idealistas debe haber habido en las dos convocatorias.

Por estos lares estamos a favor de las conquistas sociales, ¿cómo podría ser de otra manera? No se confundan, no es la juventud de los camporistas lo que nos jode. Sí que caigan como paracaidistas a la administración pública, saltando varios casilleros para trepar a la cúspide del escalafón y pisoteando las cabezas de los que la vienen remando hace muchos años. Tampoco pensamos que los convocados al discurso en el Congreso hayan sido llevados por dinero, como suele escucharse en el discurso "gorila". Pero es indudable que existe el problema del clientelismo político. Los derechos sociales no son prebendas, algo que te doy porque soy bueno y por lo cual debés estar agradecido y a mi servicio cuando te preciso. Los derechos sociales son el resultado de la lucha histórica del pueblo, no de la providencial acción de un gobernante bondadoso. Caso contrario estaríamos hablando de la manipulación de los necesitados, con fines partidistas.

Es cierto que las alianzas de Cristina con China ponen nerviosos a los que siguen deseando relaciones carnales con Estados Unidos. En consecuencia buscan desacreditarla, esmerilarle el poder y abrir paso a un retorno de las políticas neoliberales. Es cierto también que los candidatos a sucederla están prestos para hacer ese trabajo. Si ella no obstaculizara la acción de la justicia, les taparía la boca. El problema es que Cristina, Boudou y tantos otros, no pueden presentarse libremente ante la justicia, y ya somos muchos los que nos dimos cuenta. La presidenta, no está de más recordarlo, es empleada pública. Sería deseable que explicara cómo hizo su fortuna. De este modo esclarecería las dudas de Darín, y de tantos de nosotros. Ahora que Cristina y su socio Lázaro Báez  (principal contratista del Estado santacruceño) tienen que rendir cuentas a la justicia, resulta que existe un "partido judicial" que supuestamente quiere dar un golpe blando.

Más creíbles resultan las palabras de Lorenzetti. Habría que prestar atención a lo que dijo del cuidado del ambiente. La megaminería a cielo abierto, Monsanto y sus horrores, Chevrón y el fracking no sólo no resuelven los problemas del país sino que hipotecan su futuro.




jueves, 19 de febrero de 2015

La marcha

I

"Voy para conmover", le digo al Hombre. "Voy para conmover a Cristina, a quien sea que haya hecho esto. Anoche soñé que un alma oscura ("¿qué es un alma oscura, una persona?", "sí, un hombre") miraba una imagen en una computadora y se regocijaba diciendo: Hicimos de Nisman un mártir ¡qué jugada maestra!" El Hombre asiente, serio. "Yo no voy ni aunque me paguen, esta gente no me representa para nada". "A mí tampoco, pero si voy a esperar a que los convocantes sean impolutos..." 

El cielo está negro, el viento arremolina hojas y papeles. En la esquina, el malabarista de todas las tardes me dice que se va, que se viene el agua. Vuelvo a casa, a buscar el paraguas.

II

"Estaba casi desvanecido. No volví a entrar porque no tomé conciencia hasta más tarde de lo grande que había sido. Uno no asocia el humo con la muerte, sí, en cambio, el fuego". Mi compañero de marcha resulta ser sobreviviente de Cromagnon. Se vino así, desprotegido. Será su espalda combada, será su sonrisa tímida, el caso es que comparto mi paraguas durante todo el trayecto hasta Plaza de Mayo. Estamos parados hace tiempo bajo lo que sólo puede calificarse como diluvio. A falta de mejor cosa que hacer, estudio los otros paraguas. Delante mío hay uno pequeño, de Monster. Más allá, uno con grandes libélulas, otro con reproducciones de Klimt (arte bastardeado, pero qué bonito El beso). Hay paraguas que son casi sombrillas, paraguas con voladitos, paraguas desvencijados. A un costado, un señor atildado resiste la lluvia. Miro sus zapatos de cuero, caros zapatos de punta cuadrada. "Sufro por su zapatos", le sonrío. "Se van a secar", responde con seriedad. "Eso sí... mañana, todos a tomar antibióticos". No me atrevo a contradecirlo.

Hay una anciana, en ojotas plásticas. Otra en silla de ruedas. Un perro gordo y viejo pegado a su dueño. Un vendedor de capas y banderas, haciendo su agosto. Por momentos, me siento feliz. Está bueno esto de avanzar pese a la lluvia, de sentirnos unidos en una causa común. Casi como leyéndome el pensamiento, mi eventual compañero dice: "Está bueno que venga la clase media, que se hagan un poco cargo de lo que hacen sus gobernantes. Después de todo siempre ganan los que votan ellos, nunca los que votamos los de abajo". A dos pasos, una mujer de piloto impecable desvía la mirada. "A Kirchner lo puso Clarín, le dieron manija, ¿quién lo conocía antes?" No parece una marcha del silencio. se conversa mucho, se ríe. "Gordi, ponete contenta, vos querías lavar las zapatillas", escucho detrás nuestro.

"Vengo porque cuando me enteré de la muerte de Nisman, tuve un minuto de desazón, casi de angustia. Y no quiero naturalizar estas cosas, vengo para no olvidar ese minuto". Vengo por la soberbia de Cristina. Vengo por la jubilación de mi vieja, que a día veinte ya se escurrió. Vengo por los chicos desnutridos, por el desmonte y la sojización, por las inundaciones. Vengo porque me duele el país y no quiero ver por televisión cómo me duele.

Lo que jode es esa gotita en el cuello de la camisa, dice un pibe a sus amigas. Desde una pared, incongruentemente, un Néstor Kirchner sonriente y con el pulgar en alto parece darnos su visto bueno. Llegamos a Plaza de Mayo, al fin. Se nos ocurre refugiarnos en la Catedral, idea brillante compartida por cientos de personas. Es increíble que nadie se clave un paraguas en el ojo, la marea humana va... y viene. "No empujen, no empujen...", "¡¡¡Ooh, juremos con gloria morir!!!", "¡Un médico, un médico!" Está Macri, le comento a una señora. Macri, procesado por Nisman. Mejor no pensar demasiado, responde. Estamos bajo techo, unos escalones por encima de la multitud. Con esfuerzo extraigo el celular de la mochila, pero la foto que obtengo es borrosa. Lástima, hay belleza en las farolas encendidas.


miércoles, 28 de enero de 2015

En el subte

I

La chica llora, con sus auriculares puestos. No hay duda, las lágrimas corren abundantes. Tironea en su bolso de un pañuelo descartable y se seca con toques que pasan desapercibidos, máxime porque de vez en cuando toma jugo de un cartón. Al lado suyo, otra pone especial cuidado al pintarse las pestañas. No sé cual de las dos ofrece el gesto más íntimo.

II

Venimos compartiendo subte desde Plaza Flores, pero no es hasta que el vagón se llena de gente, en San Pedrito, que la ciega decide compartir su canto con los amigos.

En un barrio de Asunción gente viene, gente va 
ya está llamando el tambor, la galopa va a empezaaar... 

Pucha que eligió un tema difícil.

3 de Febrero llegó, el patrón señor San Blas 
ameniza la función la “Banda de Trinidad”. 


Debajo de la enramada ya está formada la rueda 
y salen las galoperas la “galopa” a bailaaar.... 


La ciega hace una pausa. Ah, gracias al cielo, ahí arranca de nuevo.

...luciendo el kîguá verá, zarcillo de tres pendientes, 
anillos siete ramales y el rosario de coral. 

Galopeeera... baila tu danza hechicera. 
Galopeeera... mueve tus plantas desnudas 
cimbreando la cintura en tu promesa de amor. 


Miro mis pies, incómoda. Una mujer hurga en su cartera, pero sólo para extraer el celular. Aquí y allá hay movimientos similares, ruido de papeles consultados. Nadie mira a la cantante. 

La morena galopera de la sangre indolatina 
luce dos trenzas floridas y viste...


Largo silencio. Lo menos que puede pretenderse es que sepa la letra, pienso impiadosa.

... tîpoy seguaaá 
Sobre su cabeza erguida lleva en cántaro nativo 
agua para el peregrino la hermosa... mitacuñá 

Y así sigue la función al compás de la galopa 
suenan alegres las notas estridentes del pistón, 
mientas se oye el zumbido del bombo y los platillos 
va quejándose el trombón y redoblando el tambor. 


Está bien, da lo que puede. 

Galopeeera... sigue tu danza hechicera. 
Galopeeera... soy tu ardiente soñador 
dame un poco de agua fresca de tu cántaro de amor, 
dame un poco de agua fresca de tu cántaro de amor.


La gente devuelve un aplauso generoso. Ahora voy a pasar cantando un carnavalito, anuncia la ciega. ¿De dónde salió todo ese dinero? La ciega lo junta en su mano, billetes y más billetes que aferra como puede. 

Rodeada de extraños cierro los ojos, confiada. No es cierto que estemos solos. Es un mundo amigable. Galoperaaa... se alcanza a escuchar en el vagón siguiente.

viernes, 16 de enero de 2015

La fiesta del ahora

Yo no sé por qué tarda tanto

El ciego está parado sobre un montículo de tierra, donde alguna vez hubo un árbol. Espera un colectivo, ¿pero cual? Vuelvo sobre mis pasos. Hola. Hola, dice el ciego. ¿Puedo ayudarte, qué colectivo esperás?
El 180, dice el ciego. Tendrá unos treinta años, viste impecable y se maneja con soltura. Va hasta más allá del parque, explica. Hay una colonia de discapacitados. No puede tomar el 4 porque el 4 lo deja en la autopista.

-¿Ud también toma el 180?
-No, pero me quedo con vos hasta que llegue.
-Hasta donde voy son como quince cuadras, el 180 me deja en la esquina.
-Espero verlo, soy chicata.
-Es uno rojo.

Revuelvo en la cartera buscando los anteojos. Un colectivo dobla desde la avenida. Entrecierro los ojos, pero no es hasta que lo tengo encima que leo el 180. Lo sigo con la vista, es rojo. Maldición.

"Yo no sé por qué tarda tanto", dirá más tarde el ciego.

Me cuenta que trabaja en el Ministerio de Educación, que tiene vacaciones hasta febrero, que va a la colonia a verse (sic) con amigos, que enseña a otros ciegos a manejarse con el bastón, que lava, plancha, cocina y limpia su casa. "¿Planchás? ¿Cómo hacés, te guiás por las costuras?" "Todos me preguntan lo mismo. Simplemente pongo la camisa frente a mí, como podría hacerlo ud, y plancho". "No, yo no plancho, detesto planchar". "Es que no puedo ir al trabajo con la ropa arrugada..." Y agrega: "Hago todo lo que hacen, o no hacen, los demás".

Ahora sí, el 180. Mi ciego (a esta altura es mi ciego) camina unos pasos tanteando y buscando la puerta del colectivo, detenido unos metros más allá de la parada. "¿Me dejás atrás del parque, en la colonia?", pregunta mi ciego después de subir. "No, voy por la autopista", dice el colectivero. "¿Pero no es que el 180 va hasta la parte de atrás del parque..?" No, no va. El colectivero arranca en medio de las preguntas.

No sé de qué me preocupo, mi ciego va a llegar igual.

La fiesta del ahora

Hoy limpié los pisos de la cocina y el baño, y la puerta de la heladera, a fondo. No hubo apuro, fastidio ni cansancio, no hubo un "deber hacer". Sólo el acto de limpiar. Los medios como un fin en sí mismos.

jueves, 8 de enero de 2015

Me extraña que esto no haya sucedido antes

Ayer vi y escuché, en América Noticias, a una mujer cuyo nombre no retuve. Su mirada sobre el atentado a Charlie Hebdo difiere notablemente de cuanto pueda leerse hoy en los diarios.

Contó de cómo los franceses hijos de inmigrantes carecen en absoluto de oportunidades laborales, de vivienda, de estudio. Habló también del miedo que le provocaba una posible reacción en Francia contra la comunidad árabe, ya de por sí segregada. Conoce a muchos, es gente tranquila, para nada fundamentalista, y teme por ellos. La periodista al frente del noticiero le preguntó entonces si creía que son las condiciones de vida de los inmigrantes -más la xenofobia alimentada por la extrema derecha- las que generaron una suerte de "caldo de cultivo" que culminó en este ataque. Sí, respondió la mujer. "Me extraña que esto no haya sucedido antes".

Era llamativa su capacidad para bucear un poco más allá del horror inmediato.