jueves, 12 de febrero de 2015
miércoles, 28 de enero de 2015
En el subte
I
La chica llora, con sus auriculares puestos. No hay duda, las lágrimas corren abundantes. Tironea en su bolso de un pañuelo descartable y se seca con toques que pasan desapercibidos, máxime porque de vez en cuando toma jugo de un cartón. Al lado suyo, otra pone especial cuidado al pintarse las pestañas. No sé cual de las dos ofrece el gesto más íntimo.
II
Venimos compartiendo subte desde Plaza Flores, pero no es hasta que el vagón se llena de gente, en San Pedrito, que la ciega decide compartir su canto con los amigos.
En un barrio de Asunción gente viene, gente va
ya está llamando el tambor, la galopa va a empezaaar...
Pucha que eligió un tema difícil.
3 de Febrero llegó, el patrón señor San Blas
ameniza la función la “Banda de Trinidad”.
Debajo de la enramada ya está formada la rueda
y salen las galoperas la “galopa” a bailaaar....
La ciega hace una pausa. Ah, gracias al cielo, ahí arranca de nuevo.
...luciendo el kîguá verá, zarcillo de tres pendientes,
anillos siete ramales y el rosario de coral.
Galopeeera... baila tu danza hechicera.
Galopeeera... mueve tus plantas desnudas
cimbreando la cintura en tu promesa de amor.
Miro mis pies, incómoda. Una mujer hurga en su cartera, pero sólo para extraer el celular. Aquí y allá hay movimientos similares, ruido de papeles consultados. Nadie mira a la cantante.
La morena galopera de la sangre indolatina
luce dos trenzas floridas y viste...
Largo silencio. Lo menos que puede pretenderse es que sepa la letra, pienso impiadosa.
... tîpoy seguaaá
Sobre su cabeza erguida lleva en cántaro nativo
agua para el peregrino la hermosa... mitacuñá
Y así sigue la función al compás de la galopa
suenan alegres las notas estridentes del pistón,
mientas se oye el zumbido del bombo y los platillos
va quejándose el trombón y redoblando el tambor.
Está bien, da lo que puede.
Galopeeera... sigue tu danza hechicera.
Galopeeera... soy tu ardiente soñador
dame un poco de agua fresca de tu cántaro de amor,
dame un poco de agua fresca de tu cántaro de amor.
La gente devuelve un aplauso generoso. Ahora voy a pasar cantando un carnavalito, anuncia la ciega. ¿De dónde salió todo ese dinero? La ciega lo junta en su mano, billetes y más billetes que aferra como puede.
Rodeada de extraños cierro los ojos, confiada. No es cierto que estemos solos. Es un mundo amigable. Galoperaaa... se alcanza a escuchar en el vagón siguiente.
La chica llora, con sus auriculares puestos. No hay duda, las lágrimas corren abundantes. Tironea en su bolso de un pañuelo descartable y se seca con toques que pasan desapercibidos, máxime porque de vez en cuando toma jugo de un cartón. Al lado suyo, otra pone especial cuidado al pintarse las pestañas. No sé cual de las dos ofrece el gesto más íntimo.
II
Venimos compartiendo subte desde Plaza Flores, pero no es hasta que el vagón se llena de gente, en San Pedrito, que la ciega decide compartir su canto con los amigos.
En un barrio de Asunción gente viene, gente va
ya está llamando el tambor, la galopa va a empezaaar...
Pucha que eligió un tema difícil.
ameniza la función la “Banda de Trinidad”.
Debajo de la enramada ya está formada la rueda
y salen las galoperas la “galopa” a bailaaar....
La ciega hace una pausa. Ah, gracias al cielo, ahí arranca de nuevo.
anillos siete ramales y el rosario de coral.
Galopeeera... baila tu danza hechicera.
Galopeeera... mueve tus plantas desnudas
cimbreando la cintura en tu promesa de amor.
Miro mis pies, incómoda. Una mujer hurga en su cartera, pero sólo para extraer el celular. Aquí y allá hay movimientos similares, ruido de papeles consultados. Nadie mira a la cantante.
La morena galopera de la sangre indolatina
luce dos trenzas floridas y viste...
Largo silencio. Lo menos que puede pretenderse es que sepa la letra, pienso impiadosa.
... tîpoy seguaaá
Sobre su cabeza erguida lleva en cántaro nativo
agua para el peregrino la hermosa... mitacuñá
Y así sigue la función al compás de la galopa
suenan alegres las notas estridentes del pistón,
mientas se oye el zumbido del bombo y los platillos
va quejándose el trombón y redoblando el tambor.
Está bien, da lo que puede.
Galopeeera... sigue tu danza hechicera.
Galopeeera... soy tu ardiente soñador
dame un poco de agua fresca de tu cántaro de amor,
dame un poco de agua fresca de tu cántaro de amor.
La gente devuelve un aplauso generoso. Ahora voy a pasar cantando un carnavalito, anuncia la ciega. ¿De dónde salió todo ese dinero? La ciega lo junta en su mano, billetes y más billetes que aferra como puede.
Rodeada de extraños cierro los ojos, confiada. No es cierto que estemos solos. Es un mundo amigable. Galoperaaa... se alcanza a escuchar en el vagón siguiente.
viernes, 16 de enero de 2015
La fiesta del ahora
Yo no sé por qué tarda tanto
El ciego está parado sobre un montículo de tierra, donde alguna vez hubo un árbol. Espera un colectivo, ¿pero cual? Vuelvo sobre mis pasos. Hola. Hola, dice el ciego. ¿Puedo ayudarte, qué colectivo esperás?
El 180, dice el ciego. Tendrá unos treinta años, viste impecable y se maneja con soltura. Va hasta más allá del parque, explica. Hay una colonia de discapacitados. No puede tomar el 4 porque el 4 lo deja en la autopista.
-¿Ud también toma el 180?
-No, pero me quedo con vos hasta que llegue.
-Hasta donde voy son como quince cuadras, el 180 me deja en la esquina.
-Espero verlo, soy chicata.
-Es uno rojo.
Revuelvo en la cartera buscando los anteojos. Un colectivo dobla desde la avenida. Entrecierro los ojos, pero no es hasta que lo tengo encima que leo el 180. Lo sigo con la vista, es rojo. Maldición.
"Yo no sé por qué tarda tanto", dirá más tarde el ciego.
Me cuenta que trabaja en el Ministerio de Educación, que tiene vacaciones hasta febrero, que va a la colonia a verse (sic) con amigos, que enseña a otros ciegos a manejarse con el bastón, que lava, plancha, cocina y limpia su casa. "¿Planchás? ¿Cómo hacés, te guiás por las costuras?" "Todos me preguntan lo mismo. Simplemente pongo la camisa frente a mí, como podría hacerlo ud, y plancho". "No, yo no plancho, detesto planchar". "Es que no puedo ir al trabajo con la ropa arrugada..." Y agrega: "Hago todo lo que hacen, o no hacen, los demás".
Ahora sí, el 180. Mi ciego (a esta altura es mi ciego) camina unos pasos tanteando y buscando la puerta del colectivo, detenido unos metros más allá de la parada. "¿Me dejás atrás del parque, en la colonia?", pregunta mi ciego después de subir. "No, voy por la autopista", dice el colectivero. "¿Pero no es que el 180 va hasta la parte de atrás del parque..?" No, no va. El colectivero arranca en medio de las preguntas.
No sé de qué me preocupo, mi ciego va a llegar igual.
La fiesta del ahora
Hoy limpié los pisos de la cocina y el baño, y la puerta de la heladera, a fondo. No hubo apuro, fastidio ni cansancio, no hubo un "deber hacer". Sólo el acto de limpiar. Los medios como un fin en sí mismos.
El ciego está parado sobre un montículo de tierra, donde alguna vez hubo un árbol. Espera un colectivo, ¿pero cual? Vuelvo sobre mis pasos. Hola. Hola, dice el ciego. ¿Puedo ayudarte, qué colectivo esperás?
El 180, dice el ciego. Tendrá unos treinta años, viste impecable y se maneja con soltura. Va hasta más allá del parque, explica. Hay una colonia de discapacitados. No puede tomar el 4 porque el 4 lo deja en la autopista.
-¿Ud también toma el 180?
-No, pero me quedo con vos hasta que llegue.
-Hasta donde voy son como quince cuadras, el 180 me deja en la esquina.
-Espero verlo, soy chicata.
-Es uno rojo.
Revuelvo en la cartera buscando los anteojos. Un colectivo dobla desde la avenida. Entrecierro los ojos, pero no es hasta que lo tengo encima que leo el 180. Lo sigo con la vista, es rojo. Maldición.
"Yo no sé por qué tarda tanto", dirá más tarde el ciego.
Me cuenta que trabaja en el Ministerio de Educación, que tiene vacaciones hasta febrero, que va a la colonia a verse (sic) con amigos, que enseña a otros ciegos a manejarse con el bastón, que lava, plancha, cocina y limpia su casa. "¿Planchás? ¿Cómo hacés, te guiás por las costuras?" "Todos me preguntan lo mismo. Simplemente pongo la camisa frente a mí, como podría hacerlo ud, y plancho". "No, yo no plancho, detesto planchar". "Es que no puedo ir al trabajo con la ropa arrugada..." Y agrega: "Hago todo lo que hacen, o no hacen, los demás".
Ahora sí, el 180. Mi ciego (a esta altura es mi ciego) camina unos pasos tanteando y buscando la puerta del colectivo, detenido unos metros más allá de la parada. "¿Me dejás atrás del parque, en la colonia?", pregunta mi ciego después de subir. "No, voy por la autopista", dice el colectivero. "¿Pero no es que el 180 va hasta la parte de atrás del parque..?" No, no va. El colectivero arranca en medio de las preguntas.
No sé de qué me preocupo, mi ciego va a llegar igual.
La fiesta del ahora
Hoy limpié los pisos de la cocina y el baño, y la puerta de la heladera, a fondo. No hubo apuro, fastidio ni cansancio, no hubo un "deber hacer". Sólo el acto de limpiar. Los medios como un fin en sí mismos.
jueves, 8 de enero de 2015
Me extraña que esto no haya sucedido antes
Ayer vi y escuché, en América Noticias, a una mujer cuyo nombre no retuve. Su mirada sobre el atentado a Charlie Hebdo difiere notablemente de cuanto pueda leerse hoy en los diarios.
Contó de cómo los franceses hijos de inmigrantes carecen en absoluto de oportunidades laborales, de vivienda, de estudio. Habló también del miedo que le provocaba una posible reacción en Francia contra la comunidad árabe, ya de por sí segregada. Conoce a muchos, es gente tranquila, para nada fundamentalista, y teme por ellos. La periodista al frente del noticiero le preguntó entonces si creía que son las condiciones de vida de los inmigrantes -más la xenofobia alimentada por la extrema derecha- las que generaron una suerte de "caldo de cultivo" que culminó en este ataque. Sí, respondió la mujer. "Me extraña que esto no haya sucedido antes".
Era llamativa su capacidad para bucear un poco más allá del horror inmediato.
Contó de cómo los franceses hijos de inmigrantes carecen en absoluto de oportunidades laborales, de vivienda, de estudio. Habló también del miedo que le provocaba una posible reacción en Francia contra la comunidad árabe, ya de por sí segregada. Conoce a muchos, es gente tranquila, para nada fundamentalista, y teme por ellos. La periodista al frente del noticiero le preguntó entonces si creía que son las condiciones de vida de los inmigrantes -más la xenofobia alimentada por la extrema derecha- las que generaron una suerte de "caldo de cultivo" que culminó en este ataque. Sí, respondió la mujer. "Me extraña que esto no haya sucedido antes".
Era llamativa su capacidad para bucear un poco más allá del horror inmediato.
martes, 16 de diciembre de 2014
El mundo es un gimnasio
Operation Osmin. ¿Vieron esta serie alguna vez? Acabo de tropezar con este capítulo. El tal Osmin es un auténtico motherfucker al que dan ganas de patear su entrenado trasero. Pero su concepto de que el mundo es un gimnasio es extraordinario. ¡Entrena en cualquier lado! ¡Con cualquier cosa! Pierdan una hora, les puede cambiar la vida.
lunes, 15 de diciembre de 2014
Diciembre
La foto del día
El domingo pasado, domingo de lluvia, en una de las tantas veces que colgué el nylon de mi puesto para que se secase, descubrí la verdadera belleza. Una libélula de alas doradas en la puerta de madera a mis espaldas. Hay que destacar que la puerta en cuestión está protegida por un herraje antiguo, lleno de flores y arabescos. Sobre una de esas flores, la libélula de alas transparentes y chispeantes. Qué belleza, le saqué una foto con el celular. Y otra, y otra más. Esta composición -pensé- merece ser tomada por una buena cámara, una de esas profesionales. Seguramente no tardaría en pasar un turista portando una. Un afortunado turista, porque yo le iba a regalar la mejor foto del día.
En el interín, un muchacho muy joven se ubicó en el espacio vacío al lado mío. Sacó una trompeta de su estuche, dejó un sombrero dado vuelta en el suelo y se preparó para tocar. Yesterday. Tocó varios temas, afinadamente. "Es horrible lo que toca -opinó Caritas por lo bajo- las pistas grabadas, todo". Asiento. "Sí, parece los Carpenters, tan correcto que no transmite nada". Caritas va más lejos."Decile que baje el volumen, que vamos a tener problemas con los vecinos".
Se acercó finalmente el turista esperado. Un tipo rubio, de ojos claros. Portaba una cámara profesional que de inmediato usó para fotografiar al trompetista desde distintos ángulos. "¿Habla inglés?" empecé. Sí, dijo el turista. "¿Pero entiende español?" Sí. "Tengo una foto maravillosa para ud, pero tenemos que esperar a que el chico termine la canción, así no lo interrumpimos." El turista me miró de lleno. "Sí, tenés razón", dijo con marcado acento... y siguió su camino. "Me dio la razón del loco", le dije a Caritas, que rió hasta las lágrimas.
"No puedo tocar más bajo, no salen los agudos", explicó el pibe. "Si no te vas, te hago la denuncia", dijo la mujer, una vecina joven y decidida. "Te conviene tocar dos canciones acá, dos en la otra cuadra... y así", aconsejé. "A medida que me vayan echando", se resignó el pibe.
Los artistas somos así, incomprendidos.
Un dolor nuevo
Diciembre es un mes jodido. Al menos a mí me resulta estresante. No ayuda en nada Valeria Mazza sonriendo perfecta con un vestido rojo perfecto delante de un pino perfecto. Todo parece precipitarse, los trámites se amontonan, el trabajo se atrasa, la casa es un caos y muchos de nosotros estamos al borde mismo de la obesidad. "¿Es verdad que el cuerpo humano está compuesto en un 70% de agua?", le pregunta una mujer a su médico. Sí, responde el galeno. "Entonces no sé si estoy gorda o inundada". Es el tipo de humor que ayuda.
Acabo de enchastrame la ropa con yogur, me he mojado bastante la remera y la pollera en un torpe intento de quitar las manchas rosadas. Se acerca un compañero que perdió a su madre dos semanas atrás. "¿Cómo estás, mejor?", le pregunto apoyando mi mano en su brazo. "Sí... se te nota el...", dice mi compañero clavando sus ojos en mi delantera. "¡Ah, salí de acá! Estás mejor, se ve". Le cuento a Caritas. "Yo preguntándole por su duelo y el coso éste mirándome la teta..." "Y está bien, ya está, ya pasaron quince días, esto es así". "Uh, entre los dos no hacen uno..."
Pero después vuelve, mi compañero. "No lo puedo contar porque me pongo mal cada vez..." Le miro los ojos, brillosos y apenados. "El tema son las nenas, que tienen siete y nueve años, es su primer contacto con la muerte. La abuela a la que ya nunca van a ver..." Bajo la vista. "Bueno, pero podés decirles que vive en sus corazones..." "Ya usamos todo, que es la estrella más brillante y todo eso... lo que a mí me mata es que para ellas es un dolor nuevo". Un dolor nuevo. Encuentro poesía en el concepto, una poesía bella y aterradora.
El domingo pasado, domingo de lluvia, en una de las tantas veces que colgué el nylon de mi puesto para que se secase, descubrí la verdadera belleza. Una libélula de alas doradas en la puerta de madera a mis espaldas. Hay que destacar que la puerta en cuestión está protegida por un herraje antiguo, lleno de flores y arabescos. Sobre una de esas flores, la libélula de alas transparentes y chispeantes. Qué belleza, le saqué una foto con el celular. Y otra, y otra más. Esta composición -pensé- merece ser tomada por una buena cámara, una de esas profesionales. Seguramente no tardaría en pasar un turista portando una. Un afortunado turista, porque yo le iba a regalar la mejor foto del día.
En el interín, un muchacho muy joven se ubicó en el espacio vacío al lado mío. Sacó una trompeta de su estuche, dejó un sombrero dado vuelta en el suelo y se preparó para tocar. Yesterday. Tocó varios temas, afinadamente. "Es horrible lo que toca -opinó Caritas por lo bajo- las pistas grabadas, todo". Asiento. "Sí, parece los Carpenters, tan correcto que no transmite nada". Caritas va más lejos."Decile que baje el volumen, que vamos a tener problemas con los vecinos".
Se acercó finalmente el turista esperado. Un tipo rubio, de ojos claros. Portaba una cámara profesional que de inmediato usó para fotografiar al trompetista desde distintos ángulos. "¿Habla inglés?" empecé. Sí, dijo el turista. "¿Pero entiende español?" Sí. "Tengo una foto maravillosa para ud, pero tenemos que esperar a que el chico termine la canción, así no lo interrumpimos." El turista me miró de lleno. "Sí, tenés razón", dijo con marcado acento... y siguió su camino. "Me dio la razón del loco", le dije a Caritas, que rió hasta las lágrimas.
"No puedo tocar más bajo, no salen los agudos", explicó el pibe. "Si no te vas, te hago la denuncia", dijo la mujer, una vecina joven y decidida. "Te conviene tocar dos canciones acá, dos en la otra cuadra... y así", aconsejé. "A medida que me vayan echando", se resignó el pibe.
Los artistas somos así, incomprendidos.
Un dolor nuevo
Diciembre es un mes jodido. Al menos a mí me resulta estresante. No ayuda en nada Valeria Mazza sonriendo perfecta con un vestido rojo perfecto delante de un pino perfecto. Todo parece precipitarse, los trámites se amontonan, el trabajo se atrasa, la casa es un caos y muchos de nosotros estamos al borde mismo de la obesidad. "¿Es verdad que el cuerpo humano está compuesto en un 70% de agua?", le pregunta una mujer a su médico. Sí, responde el galeno. "Entonces no sé si estoy gorda o inundada". Es el tipo de humor que ayuda.
Acabo de enchastrame la ropa con yogur, me he mojado bastante la remera y la pollera en un torpe intento de quitar las manchas rosadas. Se acerca un compañero que perdió a su madre dos semanas atrás. "¿Cómo estás, mejor?", le pregunto apoyando mi mano en su brazo. "Sí... se te nota el...", dice mi compañero clavando sus ojos en mi delantera. "¡Ah, salí de acá! Estás mejor, se ve". Le cuento a Caritas. "Yo preguntándole por su duelo y el coso éste mirándome la teta..." "Y está bien, ya está, ya pasaron quince días, esto es así". "Uh, entre los dos no hacen uno..."
Pero después vuelve, mi compañero. "No lo puedo contar porque me pongo mal cada vez..." Le miro los ojos, brillosos y apenados. "El tema son las nenas, que tienen siete y nueve años, es su primer contacto con la muerte. La abuela a la que ya nunca van a ver..." Bajo la vista. "Bueno, pero podés decirles que vive en sus corazones..." "Ya usamos todo, que es la estrella más brillante y todo eso... lo que a mí me mata es que para ellas es un dolor nuevo". Un dolor nuevo. Encuentro poesía en el concepto, una poesía bella y aterradora.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Sencillo
"Muy sencillo", repiten una y otra vez en el tutorial. No sé, mi idea de sencillo es diferente.
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